quarta-feira, 26 de fevereiro de 2014

Censuras e pernas bonitas



Vuelve la Inquisición: juzgan al cantautor Javier Krahe por ofensas religiosas


 El Juzgado de Instrucción que lleva el caso, el nº 3 de Colmenar Viejo (Madrid), ha decretado la apertura del juicio oral por “hechos que pueden ser constitutivos de un delito contra los sentimientos religiosos, previsto y penado en el artículo 525 del Código Penal” al artista Javier Khrae. El proceso versa de cuando el 15 de diciembre de 2004 el programa ‘Lo + Plus’, de Canal Plus, entrevistó al cantautor Javier Krahe y emitió un cortometraje suyo artístico en el que se explicaba “cómo cocinar a un Cristo para dos personas”.
En él, una persona ponía en una fuente el cuerpo de Cristo, tras desprenderlo de una cruz, lo untaba con mantequilla y lo metía al horno, comentando luego: “se deja tres días dentro del horno y sale solo”, con la imagen del Cristo saliendo del horno arrastrado por un hilo.
El programa desató una gran polémica, llamadas al boicot del canal y hasta bajas de abonados de Canal Plus. Molesto el presidente de PRISA, don Jesús Polanco, ordenó que se presentara una disculpa.

El corto de Javier Krahe era de los años setenta. Se puede entender que el corto moleste como tantas otras obras artísticas a los devotos a lo largo de la historia, incluso las del muy católico Dalí, pero de ahí a juzgar a un artista por un cortometraje de su juventud…

Curiosamente el padre de Javier era óptico y además también cineasta y documentalista del Nodo. Ahora HazteOir.org y demás grupos fundamentalistas católicos (lean los comentarios) o de ultra derecha le piden 192.000 euros a Krahe y 144.000 euros para la productora del programa de Canal+, Montserrat Fernández Villa. Son los mismos de las carroza anti aborto el dia de Reyes, los videos en un colegio católico con fetos sangrientos mezclados con políticos socialistas y la clausura de una exposición de fotografía hace poco que mostraba a Cristo gay. 


Podemos decir que sin exageración
era algo extraordinario,
la enfermera que cuidaba al bueno de Don
Andrés Octogenario.
El abuelo que enfrentaba con resquemor,
perspectivas eternas
en lugar de rezar miraba con fervor
sus magníficas piernas.

"Para siempre esta vez,"-dijo- "me
voy a echar en brazos de Morfeo,
ya no te veré más, no me
puedes negar mi último deseo:"
Con un hilo de voz, el enfermo expresó,
su voluntad postrera
no diremos cuál fue, sólo que ella accedió,
¡bravo por la enfermera...!

Y fue al desabrocharse ella el quinto botón
de los seis de la bata,
que por la enfermedad, o bien por la emoción,
él estiró la pata...
Pero lo grave estuvo, en que estiró algo más.
Y un algo tan notorio
que los deudos al verlo exclamaron: ¡jamás!,
¡jamás iremos al velorio!.

Y al entierro tampoco porque al ataúd
no habrá quien le eche el cierre,
irse a morir así, en plena senectud
y Andrés erre que erre.

Nadie fue al funeral,
nadie llevo una flor, nadie fue al cementerio
y hasta escandalizó al mismo enterrador,
que dijo: "Esto no es serio..."

Y al pobre Don Andrés lo enterraron muy mal,
entreabierta la caja
la muerte lo abrazaba de un modo especial,
lo que tampoco es paja...